sábado, 26 de diciembre de 2015

Motivaciones para estudiar.


Seguro que muchos de ustedes contestarán que la principal razón para trabajar o estudiar es ganarse bien la vida, y muy pocos(los más agraciados)dirán que estudiaron precisamente para trabajar en aquello que les gustaba, de forma que el trabajo se ha convertido en su pasión y al mismo tiempo en la forma de ganarse la vida.

¿ Por qué planteo esta relación entre el trabajo, el estudio y la forma de ganarse la vida?

La razón fundamental es dar a conocer a las generaciones actuales lo importante que es que dediquen los primeros años de su vida de forma muy intensa al estudio, para que su futuro profesional sea en la medida de lo posible elegido y no impuesto por el mercado y las carencias personales de cada uno.

¿A que todos queremos elegir nuestro trabajo?

¿Fuimos conscientes de pequeños lo importante que era estudiar para poder tener esta posibilidad futura?

Ni que decir que son los padres( y no solo los profesores) los que tienen esta misión de dar a entender o convencer a sus hijos de que sus estudios es lo más importante a esas edades.Es más, pueden considerarse como profesionales del estudio.

Según mi experiencia como profesor de clases particulares a ESO y Bachillerato, las últimas generaciones son muy poco conscientes de la importancia de sus estudios, creyendo que tienen derecho a todo y que será garantizado por sus padres de forma indefinida.

La época de bonanza económica que hemos tenido desde el año 2000 al 2007 ha propiciado que muchos padres hayan mal criado a su hijos dándoles todo y no sabiendo transmitir la idea que todo tiene su valor y sacrificio para conseguirlo.
Sin embargo, la durísima crisis económica por la que pasamos puede ser, aunque parezca mentira, algo favorable para que los padres sepan educar mejor a sus hijos en la cultura del esfuerzo.

La situación actual del mercado laboral exige más que nunca una adaptación continua a los cambios que se dan, con lo cual no solo es necesario tener una buena formación académica sino la predisposición a aprender continuamente, a reciclarse.

¿Educamos a nuestros hijos con la intención de conseguir despertar el gusanillo del deseo del saber?



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