lunes, 1 de diciembre de 2014

El PIB no es la clave: del cuánto al qué producir y cómo aprovecharlo.


La afirmación que hago en el título a muchos economistas o políticos les puede parecer una barbaridad, ya que están acostumbrados a medir el éxito de una economía con el PIB.

¿Alguien cree de verdad que el PIB es un indicador realmente del éxito de una economía o de una empresa o familia?

Podemos poner unos ejemplos para demostrar cómo simplemente producir más no es un éxito:

1ª-La mejora empresarial de cualquier empresa no viene exclusivamente de la obtención de más producción, de más ventas. Lo que hace que un empresa aumente su prestigio es que mejore la calidad de sus bienes y servicios junto a una mejora de las condiciones de vida de sus trabajadores.

No se trata simplemente de producir más a menos coste y conseguirlo vender a un precio que dé unos beneficios altos.

Una empresa puede perfectamente vender menos unidades de su producción, pero ser de una calidad mucho mayor y que contribuya a un bienestar social más alto. El fin último que deben perseguir políticos y empresarios no es que podamos consumir todos cada vez más, sino que más bien se cubran las necesidades con bienes y servicios de más calidad.

Tenemos que pasar de una vez por todas de una economía basada en el consumismo a una economía de consumo reflexivo.

2ª-En la familia:

¿Educamos a nuestros hijos en el consumo moderado y reflexivo?¿O simplemente tratamos de darles todo lo que no tuvimos nosotros, creyendo que eso nos hace ser mejores padres?

Realmente el problema surge en la educación, ya que si todos estuviéramos educados para ser consumidores reflexivos y moderados, muchas políticas de marketing y publicidad no tendrían sentido, ya que no serían efectivas.
Las familias somos las responsables de decidir qué se consume y, lo que es más importante, cómo se aprovecha lo que hemos comprado.
Realmente este último aspecto es el más importante.

¿Se han fijado de cuántas formas posibles se puede hacer uso de una misma cosa aunque tenga en teoría una forma de consumirse?
Tan importante es que las empresas creen bienes o servicios de alta calidad, como que los consumidores sepamos sacar el máximo partido a todo aquello que compramos de forma reflexiva.
Si no educamos a nuestros hijos en este sentido, sino simplemente en acumular bienes o dinero, nos podemos encontrar con personas que nunca se ven satisfechas como consumidores, trabajadores o empresarios.

Tener una ambición moderada es bueno, pero tener una ambición desmedida es en sí mismo un signo del fracaso en la propia educación.

El más rico no es el que más tiene sino el que menos necesita.

Tener unas necesidades identificadas y distinguir lo que es necesario de lo superfluo es la base de un consumidor reflexivo y no impulsivo.

3ª-Por último hablemos de la economía de cualquier país:

Si usamos el PIB como indicador exclusivo para comparar la evolución de las economías de los distintos países, nos podemos llevar muchas sorpresas en nuestra apreciación del desarrollo económico y social de un país.

Podemos observar el ejemplo de China, que está siendo considerada como la economía que está creciendo más en el mundo en los últimos años. Sin embargo también destaca por su alta contaminación y por la explotación laboral.
De nada sirve que se esté aumentando mucho la producción de un país si es a costa de ocasionar una contaminación elevada y si los trabajadores están siendo explotados.

Tan importante es crecer en términos de PIB como identificar si ese crecimiento es sostenible.

¿Qué indicadores pueden ser más adecuados para estimar el desarrollo y bienestar de un país?

-El respeto a el medio ambiente.
-Las condiciones de trabajo(legislación laboral)
-La distribución real de la renta en el país.
-El sistema educativo y sanitario del país.

Creo que ya es hora de dejar de usar el aumento del PIB como signo de mejora económica y nos fijemos más en qué se produce(calidad) y cómo los consumidores usan esos bienes y servicios.

Pasemos de usar solo indicadores cuantitativos al uso de indicadores cualitativos, que muchas veces son mucho más difíciles de manejar pero que son más esclarecedores del bienestar de un país.

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